Parece que la emoción está de moda en estos días y por fin se le está empezando a dar el peso que merece después de muchos años relegada a un segundo (o tercer) plano. Ya se ha visto cómo esto ha sido posible gracias a muchos investigadores que han sentido en ellos una emoción de curiosidad ante este tema, y que ayudados por los avances tecnológicos están haciendo posible que cada vez se disponga más de más información sobre el funcionamiento del cerebro humano, y más concretamente del universo emocional.
Conocimientos basados ya en el rigor científico, que ha permitido pasar de lo que en un primer momento eran meras hipótesis a lo que hoy, aunque quede camino por andar, son ya evidencias contrastadas que permiten realizar afirmaciones libres de dudas en muchos aspectos. La Inteligencia Emocional, y especialmente Daniel Goleman, ha contribuido notablemente a la hora de llevar todo este conocimiento a la población en general
Pero, ¿a qué llamamos emoción?
El término emoción llega del latín emotio, emotionis que derivan del verbo emovere (mover, trasladar, emocionar) y el prefijo e/ex (de, desde) y significa retirar, desalojar de un sitio, hacer mover (http://etimologias.dechile.net/). Por lo tanto es una palabra que indica un movimiento de donde uno está, un cambio de lugar. Y es que efectivamente, la emoción implica un cambio y por supuesto va a implicar un movimiento que en algún nivel va a ser de aproximación o de alejamiento de un determinado estímulo.
Entonces, ¿hay emociones positivas y emociones negativas?
A estas alturas ya sabe la respuesta a esta pregunta. NO, no hay emociones negativas, lo que sí hay son emociones agradables cuando las sentimos y otras que son desagradables de sentir. Algo que es necesario y que ayuda a sobrevivir, como el miedo, la rabia o el asco nunca puede ser negativo. Es mucho más agradable sentir alegría o curiosidad que sentir tristeza, claro que sí, pero todo lo que existe en la naturaleza tiene un fin y un sentido, y cuando se habla de emociones, ya se ha dicho que son mecanismos que van a permitir sobrevivir y adaptar mejor al contexto en el que se esté inmerso. Separar a las emociones en positivas o negativas es un error que, como todos los errores, tiene consecuencias negativas. Muchos de los pacientes que acuden a consulta con trastornos de ansiedad o incluso con alguna adicción, sufren de una importante represión emocional.
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